Casa Cerdá

Casa Cerdá.

José Antonio Rodríguez Martínez. 1934-1936.

Plaza Santo Domingo, 2 c/v Enrique Villar. 30008. Murcia.
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La Casa Cerdá es quizá el inmueble residencial más destacado de la hoy céntrica Plaza de Santo Domingo, circunstancia propiciada por lo contundente de su volumetría y su situación como punto de entrada al paseo arbolado que constituye la Gran Vía Alfonso X el Sabio. Encargado su diseño en 1934 a Rodríguez por el comerciante Joaquín Cerdá Vidal, a la sazón presidente de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Murcia, su construcción se prolongó durante dos años y supone el epílogo al ingente trabajo desarrollado por el arquitecto murciano durante toda su vida profesional.

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El edificio se compone de tres niveles principales, atendiendo a un desarrollo clásico en altura de la fachada, que incorpora bajo y entresuelo para actividades terciarias, tres plantas principales de piso y otras dos alturas, dispuestas a modo de ático, también destinadas a viviendas, además de los remates dispuestos en esquinas y medianerías.

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El cuerpo inferior actúa como basamento del resto del edificio, por lo que presenta un aspecto más macizo aunque sólo estéticamente insinuado debido a la desornamentación de los huecos, rematados en la planta entresuelo por arcos carpaneles y al llagueado horizontal de los machones que los delimitan. El nivel central o de desarrollo se presenta levemente adelantado respecto al plano de fachada, apoyado sobre ménsulas y modulado verticalmente mediante pilastras a la manera dórica utilizadas según un criterio muy personal del proyectista que lo acercan, en el diseño, a modelos decó, del mismo modo que podemos observar en las labores de forja empleadas en los antepechos de los balcones. En los extremos y charnelas del edificio, los voladizos son sustituidos por miradores de obra de cantos achaflanados. El cuerpo de remate, conformado por dos plantas, sigue el esquema del anterior aunque en este caso son las columnas de orden jónico las encargadas de separar los distintos módulos verticales. Los recercados de los distintos huecos (medio punto en los desarrollos de las fachadas, dinteles en el resto) se revisten de mayor ornamentación aquí que en el resto de plantas. El remate del edificio lo constituye una potente cornisa sostenida por modillones que da paso a una cubierta plana. Finalmente, conviene destacar uno de los elementos más característicos de la construcción: el templete de planta circular compuesto por seis pares de columnas jónicas que soportan a su vez un casquete semiesférico peraltado, perforado y coronado por cupulín de remate.

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La Casa Cerdá, pese a su evidente valor como icono urbano, no deja de ser un edificio en cierto modo anacrónico, puesto que en su diseño se emplea un lenguaje ecléctico (mal llamado en algunas publicaciones modernista) que venía siendo desplazado por la nueva corriente racionalista ya observada incluso en algún edificio de la misma plaza (El Acorazado de J. L. de León, 1934-1935). No obstante, el arquitecto demuestra su oficio en la eficaz combinación de materiales y elementos decorativos, que ya había empleado con éxito en obras precedentes. Aquí, el ladrillo rojo y las persianas de madera contrastan acertadamente con las blancas pilastras, columnas o recercados, mientras que el empleo de cornisas y tramos de balaustradas alternadas con pedestales contribuye a la eficaz división de la fachada en altura, creando además, con sus vuelos, potentes línea de sombra que enfatizan el efecto.

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José Antonio Rodríguez Martínez (1868-1938), murciano de nacimiento, se titula en 1893 en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Discípulo del hellinense Justo Millán, al que releva como arquitecto diocesano, trabaja también como arquitecto municipal de Murcia entre 1902 y 1928. Es autor de numerosas obras entre las que destacan la modernista casa Díaz Cassou (1906), la Convalecencia (1910) o, ya empleando el lenguaje que lo acreditaría como uno de los arquitectos más solicitados por la exigua burguesía murciana, los edificios de la Ferretería Guillamón (1924), la Casa de los Nueve Pisos, la Sociedad de Cazadores, el Edificio Flomar o los Almacenes La Alegría de la Huerta, repitiendo en todos ellos el doble uso comercial-residencial.

Fuentes consultadas:
“Evolución Urbana de la Ciudad de Murcia”. V.M. Rosselló, G.M. Cano. Ayuntamiento de Murcia. 1975.
“Cincuenta años de Arquitectura en Murcia”. José María Hervás Avilés. COAM. Murcia, 1982.
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