Viviendas en Óscar Esplá

Edificio para viviendas y oficinas.

Íñigo Magro y Juan Rodríguez, 1980.

Óscar Esplá 22 y 24 c/v Arquitecto Morell. 03003. Alicante.
 
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Alzado a Óscar Esplá. Podemos observar la línea blanca a modo de imposta que separa las tres primeras plantas residenciales del resto, donde se aplica el recurso de englobar niveles sucesivos mediante dobles alturas que ponen el alzado en relación con la escala de la avenida.

Nuestro edificio se encuentra situado entre medianeras, conformando una de las esquinas de la arteria resultante de la cubrición del barranco de San Blas en los años setenta del siglo XX y que, a su vez, constituye el límite Oeste del Ensanche alicantino.

Su fachada se estructura en tres niveles: por una parte y sirviendo como base al resto de la edificación, los usos comerciales y administrativos se localizan en las dos plantas bajas que se ciñen al perímetro de la parcela; los niveles destinados a viviendas se organizan en siete plantas que difieren al exterior en la composición de sus alzados, constituyéndose ésta en la característica más destacada del inmueble.

Los arquitectos crean para la fachada recayente a Óscar Esplá una especie de “doble fachada” que se superpone al alzado dictado por las alineaciones, y que permite la creación de una estructura independiente de los forjados. De esta manera, en las cuatro plantas superiores, separadas del resto mediante una imposta blanca que rompe con la uniformidad cromática, el alzado se ve perforado por huecos de doble altura dispuestos aleatoriamente, que permiten poner la imagen del propio edificio en consonancia con las dimensiones de la avenida. La fachada secundaria a Arquitecto Morell se resuelve mediante el empleo de voladizos en diente de sierra.

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Chaflán. En esta fotografía se puede comprobar la diferencia entre las dos fachadas. En la recayente a Arquitecto Morell (izq.), se emplea una serie de voladizos en diente de sierra que recorren la fachada en toda su altura.

Es conveniente resaltar el acierto en el empleo del gresite rosa para cubrir la fachada: éste le aporta en primer lugar una textura uniforme y al mismo tiempo llamativa, que posibilita diferenciar con facilidad el inmueble respecto a sus vecinos, al tiempo que crea un fuerte contraste con las sombras provocadas por la doble piel superpuesta, si bien este efecto se ve un tanto desvirtuado al no haberse limitado el acristalamiento posterior de algunas de las terrazas.

Fuentes consultadas:
“Guía de Arquitectura de la Provincia de Alicante”. Jaén i Urban, G (director). 1999.
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