Edificio antiguo Banco Rural

Edificio de Viviendas, locales comerciales y oficinas.

Damián García Palacios. 1955-59.

Gran Vía Escultor Salzillo, 5. 30004 Murcia.
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Edificio del antiguo Banco Rural Mediterráneo.

A finales de los años cuarenta del siglo XX se retoma la idea, aparcada por el estallido del conflicto civil, de comunicar las dos estaciones ferroviarias de Murcia (del Carmen y Zaraiche), seccionando en dos la antigua trama del casco urbano de la ciudad, compuesto en su mayoría por viales de escasa sección y trazado sinuoso, incapaz de absorber el creciente tráfico motorizado. Entre otras razones se esgrimieron la potencialidad de Murcia como centro comercial y administrativo de primer orden, influyente sobre una amplia y poblada región, necesitada de un urbanismo acorde con dichos usos previstos y el deseo de sacudirse la imagen provinciana para convertirse, como por arte de magia, en una urbe moderna. Claro está que, tras estos quizás loables propósitos, se escondía un episodio más de especulación urbanística, de segregación poblacional y de recogida de jugosos beneficios inmobiliarios al materializarse la construcción de nuevos inmuebles que superaban ampliamente el volumen edificado de sus precedentes.

A principios de 1953 se demuelen los maltrechos baños árabes de la calle Madre de Dios, que, a pesar de haber sido declarados Monumento Histórico Artístico Nacional en 1931, funcionaban como carpintería. Es el último escollo físico que habría de superar la apertura de la hoy principal vía de la ciudad, ya que administrativamente ya había sido aprobado con anterioridad el proyecto de reforma que la detallaba, obra de los arquitectos Gaspar Blein y Daniel Carbonell.

El edificio que nos ocupa es uno de los primeros que se construye, precisamente en el ángulo entre la Gran Vía y la calle Madre de Dios, donde se ubicaban los mencionados baños. Obra de Damián García Palacios, arquitecto encargado de destacados proyectos de corte historicista entre los que destaca la restauración del santuario de la Fuensanta en colaboración con Eugenio Bañón empleando un lenguaje neobarroco, se materializa su construcción entre los años 1955 y 1959. Las formas que el proyectista emplea para la fachada beben de los estilos promocionados por las corrientes oficialistas del Régimen, recogiendo así una suerte de formas entre clasicistas y barrocas mezcladas de forma un tanto heterogénea.

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Fachada a Gran Vía Escultor Salzillo. Vemos cómo el alzado se articula mediante la disposición de seis calles verticales delimitadas por pilastras rematadas superiormente por una cornisa denticulada a la manera dórica. Las plantas superiores, independientes, aparecen recorridas horizontalmente por los voladizos de los balcones.

De esta forma, a un cuerpo basamental de dos plantas recorridas en altura por pilastras a la manera toscana destinado a usos terciarios, se superponen cuatro plantas de piso rematadas superiormente por una cornisa denticulada que da paso a un nivel que podría calificarse como ático, si no fuera porque sobre él emergen otras dos plantas que incorporan sendos balcones corridos, que se prolongan en los dos alzados del inmueble incluso recorriendo el chaflán de manera continua.

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Acceso al zaguán, recayente a la Gran Vía. Resulta significativo que no se le dote de monumentalidad alguna, siendo un hueco más de los que componen la planta baja.

El edificio presenta, no obstante, una disposición tradicional al conceder mayor representatividad a la primera planta de viviendas, que incorpora las labores más ornamentadas en cerrajería y balcones volados rematados en sus esquinas por machones prismáticos coronados por jarrones, mientras que en las tres plantas superiores y ático la decoración es escasa, limitándose a los recercados de los huecos y a los sencillos antepechos que protegen los huecos. El empleo de contraventanas mallorquinas en esta primera planta contribuye a enfatizar esa idea. Sin embargo, en la práctica, las viviendas de todas las plantas tienen la misma superficie, considerable en cualquier caso: Una única escalera da servicio a dos viviendas por nivel, de 260 y 180 m2 respectivamente.

El arquitecto concede la mayor importancia a la esquina, que se curva a modo de cubillo y se separa de las fachadas laterales mediante el empleo de un almohadillado que recorre toda la altura del edificio. Los huecos son también aquí de mayores dimensiones que en el resto de los alzados, en definitiva sucesión de calles verticales separadas por pilastras rematadas por las líneas horizontales de las cornisas y los voladizos de los pisos superiores.

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El chaflán curvo goza de la mayor preeminencia. El acceso forma un todo con la ventana superior del entresuelo y el balcón moldurado pretende, en cierto modo, “presidir” la escena urbana.

Estamos ante un edificio correcto, fiel reflejo de los gustos de una época que estilísticamente ya estaba a punto de cambiar. Coetáneo a otros edificios de la misma calle, como el del Banco Exterior, pocos años más tarde la Gran Vía sería el escenario en el que se iban a levantar los inmuebles de mayor altura de la capital, en un lenguaje radicalmente distinto que retomaba los postulados del Movimiento Moderno abandonados veinte años antes.

Fuentes consultadas:
“Cincuenta años de Arquitectura en Murcia”. José María Hervás Avilés. COAM. Murcia, 1982.
Revista Sawar, enero 2013. http://issuu.com/sawarmurcia/docs/sawar_cero
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